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Una de las cosas que me gustan de Instagram, a parte de conocer a gente estupenda, es la cantidad de talento que encuentras, personas que inspiran con sus fotos, como las de Pilar Franco.

Pilar nació en Madrid aunque ha vivido también en Galicia, Cadiz, y ahora en Barcelona, está licenciada en periodismo y ha trabajado para el Real Madrid CF en el departamento de AreaVip y en el de Protocolo y Relaciones Externas. Tras trabajar una temporada organizando eventos deportivos decidió dejarlo todo para irse a vivir a Barcelona en dónde estudió Literatura y Diseño Gráfico, sus verdaderas pasiones. Muere de amor por Lisboa, tiene un acordeón (el cual dice que toca de pena) y está felizmente casada con un hombre que dejó su trabajo en Madrid para irse a vivir con ella a Barcelona. Tiene una galería sensacional, con fotos que cuentan historias y además ha creado un perfil en Instagram llamado Fruitslovefilmsen donde crea escenarios de películas muy conocidas con frutas como actores. Muy fan.

Como tenía curiosidad sobre cómo había surgido esta idea de hacer protagonistas de películas a piezas de fruta, le pregunté a Pilar, así que mejor que os lo cuente ella:

¿Desde cuándo te gusta la fotografía?

Desde siempre. Mi padre tenía un par de cámaras que llevaba consigo a todos lados. Primero para fotografiar paisajes que más tarde pintaba al óleo en sus ratos libres (cuando no nos llevaba a todos a pasar el día al campo mientras él le daba al pincel), y luego para retratar cualquier acontecimiento. Me sigue sorprendiendo la manera que tiene la cámara de atrapar la esencia de las personas, del entorno. Cómo capta las miradas cómplices, o los momentos de euforia o los de amor, o el pasado difícil, por ejemplo, de un desconocido. Yo me maravillo, te lo prometo, y a veces paso horas delante de una fotografía, y la pierdo y la recupero, y vuelve a hipnotizarme igual que el primer día. 

El caso es que me gusta desde siempre, pero también siempre desde la barrera, porque respeto muchísimo el trabajo de los profesionales. Me conformo con poder guardar mis impresiones y participar de modo amateur en el asunto. 

¿Cómo surgió la idea de “Fruits Love Films”?

Porque soy muy infantil y me divierten estas cosas absurdas hasta el extremo. Todo comenzó cuando me vi en el epicentro del carnaval sin un disfraz y con una cabalgata hiper ruidosa debajo de mi casa. Al ir a la cocina en busca de chocolate (ya se sabe: propicia subidón), el limón ya me estaba mirando. “Disfrázame, disfrázame!” Chica, qué iba a hacer. Era tan fácil ponerle una boca de plastilina y unas pestañas postizas, que lo hice. Luego ya no pude pasar por la frutería sin imaginar personajes míticos. Ahora pierdo el tiempo como nunca en las verdulerías y los mercados. Me quedo pasmada delante de las berenjenas y de los boniatos; la gente pensará que paso hambre, cuando la verdad es que -por fortuna- estoy comiendo más sano que nunca. Porque eso si, todo lo que utilizo, luego me lo como, que con estas cosas no se juega. Se juega, vaya, pero lo justo.

¿Cómo creas los personajes? ¿Qué materiales utilizas para caracterizarlos?

Como no pienso demasiado en la “caracterización” a nivel materiales, suelo utilizar plastilina, que es lo más sencillo. Me entran las prisas y luego salen como salen: imperfectas, que es como a mí me gustan las cosas. Muy imperfectas. A veces si veo que no basta, busco complementos en casa: un trozo de servilleta, témperas, cartulinas para algunos sombreros… A yoda, por ejemplo, lo coloqué sobre un bote de mascarilla facial, con una capa-calcetin que le robé a mi marido. Al sombrerero loco, un trozo de peluca horrible. Como ves, es todo muy ” rudimentario”. 

¿De dónde surge tu inspiración? ¿Algún fotógrafo o diseñador favorito?

La lista de personajes que inspiran es infinita, abarca todos los géneros. Quizá con este proyecto tengan más relación los referentes que apuestan por la fantasía. En literatura, amén de los exponentes del realismo mágico, hay un libro que me marcó mucho hace diez años, y que no he conseguido volver a leer más que a fragmentos, porque en la mayoría de librerías está descatalogado. Se llama “El libro de los monstruos”, de Rodolfo Wilcock, y es un derroche de humor e imaginación. Un poco gótico, describe las aventuras de personajes imposibles que han dejado de ser completamente humanos por razones de la más divera índole (dos amantes que se devoran, literalmente, un hombre que nace con cuernos, creo que hasta había un cenicero malvado). Sensacional su mundo monstruoso, a veces despiadado y a veces enternecedor. Me encanta esa mezcla. Juan José Millás tiene un libro de relatos que también está plagado de fantasía (maniquies que sudan desde los escaparates, pollos que llegan andando del mercado hasta casa, escritores que ejercen de taxistas): “Los objetos nos llaman”. Está lleno de textos de una intesidad brutal, que por su extensión y por la prosa, -precisa, divertida, super ágil- se leen en un suspiro. En fotografía elegiría a Chema Madoz, aunque suene a tópico, porque tiene una mirada de dobles sentidos, lúdica, implacable en ocasiones, que me fascina. Vladimir Kush es un pintor contemporáneo ruso que guarda cierta relación a nivel conceptual con él. Luego hay figuras como Dalí, que también me deslumbra, como a casi todos. El Dalí artista, se entiende, que hasta en las entrevistas que concedía dejaba al personal perplejo. Magritte; Buñuel, claro. Y Vik Muniz, por ejemplo, que hace arte con sirope y mermelada. Ah! Se me olvidaba! Giusseppe Arcimboldo, cómo no!!!! Te acuerdas? Hacía retratos a partir de piezas de fruta. Era el pintor favorito de todos los niños, cómo no. 

 ¿Os ha gustado? Sencillamente genial.

Sobre María Serrano


Fan Internet, diseño, comunicación, tecnología, viajes, horchata... Siempre pensando en más. http://about.me/mariaserben

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